Algo sobre el autor ...
Obtuvo diversos premios, entre ellos cabe destacar: el del Cuarto Centenario de la Ciudad de San Salvador, Certamen nacional de Cultura y los Juegos Florales de Quezaltenango.
Moreno el dormido...
Quisiera saber
quién le dió, en las venas,
su color de nuez.
Quizás el terrón
de oscuro poder
o el búho nahual,
por indio, tan fiel.
Mirando, mirando,
-¡ay, lo que busqué!-
Torcaces que huyen,
sangre de los pies.
Sonríe el dormido...
Yo creo que ve
los templos perdidos,
la gente de ayer.
Tejedores de antes
-uno, dos y tres-,
bordan los faisanes,
las grecas también;
Y van los caminos
de Izalco a Petén,
entre mariposas
y verdes sin ley.
Suspira el dormido...
No quiere volver
a tierras en donde
sufre lo que fue.
Caracol antiguo
guarda para él
la playa lejana
del amanecer.
Las flores del shilo
ya no son de miel;
la punta de jade
se ha quebrado en tres.
Pueblos fugitivos
tienen que correr,
y van, tras su huella,
cascos en tropel.
Despierta el dormido...
No sabe por qué
le duelen los valles,
le duele la sien.
Memorias confusas,
una y otra vez,
recogen su sueño
en amarga red.
Entre miedos largos
no sabe qué hacer,
y se vuelve el niño
de muda niñez.
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Obtuvo diversos premios, entre ellos cabe destacar: el del Cuarto Centenario de la Ciudad de San Salvador, Certamen nacional de Cultura y los Juegos Florales de Quezaltenango.
Poema Canción del niño indio
- de Claudia Lars
- Biografía Votar Poema:Moreno el dormido...
Quisiera saber
quién le dió, en las venas,
su color de nuez.
Quizás el terrón
de oscuro poder
o el búho nahual,
por indio, tan fiel.
Mirando, mirando,
-¡ay, lo que busqué!-
Torcaces que huyen,
sangre de los pies.
Sonríe el dormido...
Yo creo que ve
los templos perdidos,
la gente de ayer.
Tejedores de antes
-uno, dos y tres-,
bordan los faisanes,
las grecas también;
Y van los caminos
de Izalco a Petén,
entre mariposas
y verdes sin ley.
Suspira el dormido...
No quiere volver
a tierras en donde
sufre lo que fue.
Caracol antiguo
guarda para él
la playa lejana
del amanecer.
Las flores del shilo
ya no son de miel;
la punta de jade
se ha quebrado en tres.
Pueblos fugitivos
tienen que correr,
y van, tras su huella,
cascos en tropel.
Despierta el dormido...
No sabe por qué
le duelen los valles,
le duele la sien.
Memorias confusas,
una y otra vez,
recogen su sueño
en amarga red.
Entre miedos largos
no sabe qué hacer,
y se vuelve el niño
de muda niñez.
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