Algo sobre el autor ...

Gabriela en Chile, como Claudia en nuestro país, no han tenido -entre las mujeres- quienes las acompañen plenamente en la búsqueda del espíritu poético de nuestras gentes, lo esencial de estos países.


Poema Porque soy vagabunda

- de Claudia Lars

- Biografía
Votar Poema:
Porque soy vagabunda conozco los caminos
húmedos y fragantes que en el monte se enroscan;
los que suben despacio al nido de la fuente;
los que se traga el bosque con su boca de sombra.

Porque soy vagabunda he bajado al barranco
a despertar el eco en su cueva de rocas;
persiguiendo l`arisca libélula de nácar
y el moscardón de acero que zumba entre las hojas.

Me he tendido en el musgo, sobre almohada de helechos,
oyendo el trino fino que suelta la chiltota;
y la oruga del lodo ha comido en mi mano,
y han bailado en mi frente briznas y mariposas.

Vi abrirse el cascarón del huevillo del pájaro
y la seda enrollada de la prieta amapola;
probé la pulpa rica de la fruta silvestre
y descubrí panales y recogí bellotas.

El viento me ha contado cuentos de maravilla
ofreciendo, al pasar, lo que lleva en su alforja:
olor de balsamera, de yerbas, de racimos,
y todos los rumores de la tierra redonda.

La tonada del río, entre juncos y breñas,
me da el sentido exacto que hay en las siete notas;
y aprendo el equilibrio y la gracia del ritmo
en el vaivén azul y lento de las olas.

Corro con pies descalzos sobre la playa tibia,
me unto barniz de sol, juego en el agua loca,
y adorno el cuerpo alegre con espuma irisada
y pulseras de algas y collares de conchas.

La noche me regala sus gajos de luceros,
la luciérnaga mínima su llamita temblona,
el grillo su chillido clavado en el silencio
y el murciélago huraño su vuelo de alas flojas.

Porque soy vagabunda toda belleza es mía
y mío es el deleite que los demás ignoran.
¡Suelto mi canto vivo como el pájaro libre
y tengo el alma diáfana, esponjada y gozosa!
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Comentario de Visitante

b;ablabla

Comentario de Visitante

que ispirativo y que lindo yo quisiera escribir asi

Comentario de Visitante

q chistoso s oye

Comentario de Visitante

esta lindo no chistoso

Comentario de Visitante

porq casi todos los poemas de ella son asi de largos

Comentario de Visitante

1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

Comentario de Visitante

1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

Comentario de Visitante

1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

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se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
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con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
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Asomada a sus ojos,
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2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
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con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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Apenas presentida en la distancia
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Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
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por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
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dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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Apenas presentida en la distancia
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Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
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con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
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de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
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Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

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y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

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dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
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y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
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recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

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con rumor de la isla en cada pliegue.

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Apenas presentida en la distancia
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Mareas ascendentes
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y más honda que el pulso y el deseo
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por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
de aquella gente de mirada verde
con rumor de la isla en cada pliegue.

Ni la casa tranquila mi abuela

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1. Sin rostro ni contornos.
Apenas presentida en la distancia
pero viva en su sangre como un pájaro.

Mareas ascendentes
se la ofrecían inicial, creciendo,
y más honda que el pulso y el deseo
iba, fija y errante,
por el sonoro rumbo de los viajes.

Con velas retadoras
y guiños de fugaces litorales;
con las agrias palabras y el chubasco,
oculta en el silencio de aquel hombre
que buscaba una flor en las espumas.

Asomada a sus ojos,
cálida entre los muslos dominantes,
dormida en su dibujo,
detrás de las corrientes y sirenas.

Así -náutica rosa-
sin conocer su propio aliento dulce,
esperando señales y bahías
y el asilo de un vientre, como esponja.


2. Entre la niebla, el hombre,
sucio de remolino y de misterio,
recordaba el color de los retratos,
el jugo de las hojas
y la categoría de la tierra.

Por huellas de los náufragos
había perseguido el horizonte,
llevando la locura y el tatuaje
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con rumor de la isla en cada pliegue.

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- Biografía
Votar Poema:
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
Porque soy vagabunda conozco los caminos
húmedos y fragantes que en el monte se enroscan;
los que suben despacio al nido de la fuente;
los que se traga el bosque con su boca de sombra.

Porque soy vagabunda he bajado al barranco
a despertar el eco en su cueva de rocas;
persiguiendo l`arisca libélula de nácar
y el moscardón de acero que zumba entre las hojas.

Me he tendido en el musgo, sobre almohada de helechos,
oyendo el trino fino que suelta la chiltota;
y la oruga del lodo ha comido en mi mano,
y han bailado en mi frente briznas y mariposas.

Vi abrirse el cascarón del huevillo del pájaro
y la seda enrollada de la prieta amapola;
probé la pulpa rica de la fruta silvestre
y descubrí panales y recogí bellotas.

El viento me ha contado cuentos de maravilla
ofreciendo, al pasar, lo que lleva en su alforja:
olor de balsamera, de yerbas, de raciMI ABUELA EN 3D HD 999P

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Porque soy vagabunda conozco los caminos
húmedos y fragantes que en el monte se enroscan;
los que suben despacio al nido de la fuente;
los que se traga el bosque con su boca de sombra.

Porque soy vagabunda he bajado al barranco
a despertar el eco en su cueva de rocas;
persiguiendo l`arisca libélula de nácar
y el moscardón de acero que zumba entre las hojas.

Me he tendido en el musgo, sobre almohada de helechos,
oyendo el trino fino que suelta la chiltota;
y la oruga del lodo ha comido en mi mano,
y han bailado en mi frente briznas y mariposas.

Vi abrirse el cascarón del huevillo del pájaro
y la seda enrollada de la prieta amapola;
probé la pulpa rica de la fruta silvestre
y descubrí panales y recogí bellotas.

El viento me ha contado cuentos de maravilla
ofreciendo, al pasar, lo que lleva en su alforja:
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húmedos y fragantes que en el monte se enroscan;
los que suben despacio al nido de la fuente;
los que se traga el bosque con su boca de sombra.

Porque soy vagabunda he bajado al barranco
a despertar el eco en su cueva de rocas;
persiguiendo l`arisca libélula de nácar
y el moscardón de acero que zumba entre las hojas.

Me he tendido en el musgo, sobre almohada de helechos,
oyendo el trino fino que suelta la chiltota;
y la oruga del lodo ha comido en mi mano,
y han bailado en mi frente briznas y mariposas.

Vi abrirse el cascarón del huevillo del pájaro
y la seda enrollada de la prieta amapola;
probé la pulpa rica de la fruta silvestre
y descubrí panales y recogí bellotas.

El viento me ha contado cuentos de maravilla
ofreciendo, al pasar, lo que lleva en su alforja:
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